Un estudio en modelo de ratón identifica el fumarato de
dimetilo y la protoporfirina IX de cobalto como nuevas vías terapéuticas.
Dos compuestos podrían tener utilidad clínica para reducir
el dolor y los síntomas depresivos de la fibromialgia, según sugieren los
resultados de un estudio en modelo animal del Instituto de Investigación San
Pablo (IR Sant Pau, vinculado al hospital del mismo nombre) y en Instituto de
Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona (INc-UAB).
Se trata del fumarato de dimetilo (DMF), un medicamento con
propiedades inmunomoduladoras y antiinflamatorias que se utiliza principalmente
para tratar la esclerosis múltiple recurrente, y la protoporfirina IX de
cobalto (CoPP o CoPPIX), usado sobre todo como herramienta de investigación
biomédica (no como medicamento). El DMF modula la actividad del sistema
inmunitario, reduciendo la inflamación, y activa la vía celular Nrf2, que ayuda
a proteger las células frente al estrés oxidativo. Y la CoPP, por su parte, es
un compuesto sintético y su principal interés radica en que es un potente
inductor de la enzima hemo oxigenasa-1 (HO-1), una proteína con efectos
antiinflamatorios, antioxidantes, citoprotectores (protegen a las células
frente al daño) e inmunomoduladores.
Según concluye la investigación, el DMF y la CoPP
"revierten eficazmente" la hipersensibilidad nociceptiva (aumento
anormal de la sensibilidad del sistema que detecta y procesa el dolor) y las
conductas de tipo depresivo en un modelo de ratón con dolor similar al de la
fibromialgia inducido por reserpina.
Los dos compuestos son capaces de activar mecanismos
de defensa antioxidante y pueden reducir la hipersensibilidad al dolor
y los comportamientos depresivos asociados a esta enfermedad crónica, que se
caracteriza por dolor generalizado y persistente, a menudo asociado a fatiga,
alteraciones del sueño, dificultades cognitivas y síntomas afectivos. Hay que
recordar que, a pesar de la elevada prevalencia de la enfermedad, especialmente
entre las mujeres, todavía no se conocen completamente los mecanismos que
contribuyen a su desarrollo y mantenimiento y, por ahora, no hay un tratamiento
con efecto curativo.
Reforzar los mecanismos naturales de defensa del
organismo
“Nuestros resultados sugieren que reforzar los mecanismos
naturales de defensa del organismo frente al estrés oxidativo podría ser una
vía de interés por modular tanto el dolor como las alteraciones afectivas
asociadas a la fibromialgia. Además, el hecho de que uno de los compuestos
estudiados, el DMF, sea un fármaco que ya se utiliza en la práctica clínica
para el tratamiento de la esclerosis múltiple abre una perspectiva traslacional
especialmente interesante”, según Olga Pol, coordinadora del
estudio y líder del Grupo de Neurofarmacología Molecular del
IR Sant Pau y del INC-UAB, un equipo con amplia experiencia en los mecanismos
moleculares del dolor crónico y los trastornos emocionales y cognitivos
asociados, así como en el desarrollo de terapias farmacológicas innovadoras.
Ha precisado a este diario que el modelo de ratón que
han usado es conocido en la comunidad científica y se le ha inducido la
fibromialgia para que presente síntomas como una mayor sensibilidad al tacto,
al calor y el frío, así como comportamientos asociados a un estado depresivo.
El objetivo del equipo, dedicado a la ciencia básica,
fue estudiar el papel del estrés oxidativo y la inflamación en esta
enfermedad (otro componente de la misma son los cambios en la
plasticidad sináptica) y trató a los animales con los dos compuestos con
capacidad para reforzar sistemas de defensa del organismo frente al estrés
oxidativo, aunque actúan mediante mecanismos diferentes.
Carmen Fernández Barcelona. Diario Médico. Actualizado 22/09/2026
